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TEMA: Crítica de la razón fanática

Crítica de la razón fanática 26 Ago 2019 15:21 #11088

Crítica de la razón fanática

Antiguamente se llamaba fanático a un hombre que se creía dotado de una inspiración divina.
Derivaba esta palabra del latín fanum que significaba templo. Hoy se considera fanático a aquél que es excesivamente entusiasta y que defiende contra viento y marea a un personaje o una idea, en general filosófica, política o religiosa.

El límite entre entusiasmo y fanatismo es difícil de definir, pero existen, a mi parecer, algunos signos que no engañan: el fanático siempre encuentra argumentos para defender su idea y, aunque todos defendemos nuestras ideas, son las razones que utilizan los fanáticos las que nos permiten detectar su estado psicológico.

Demos un ejemplo sacado de un artículo del foro:
“Y esa "melé" de razas e idiomas, de culturas y de ideas, de creatividad e inteligencia es la que dio vida a la que hoy es la nación primera entre las primeras”.
El autor habla, por supuesto, de Estados Unidos.
A mí hay muchas cosas que me gustan de ese país, pero al decir “la primera entre las primeras” le da una característica indiscutible; ninguna otra nación la iguala y menos aún la sobrepasa en nada.
Su afirmación tiene un carácter absoluto, total.
Si se objeta por ejemplo que es verdad que tiene una supremacía militar superiorísima e indiscutible, que es la mayor economía del mundo pero que su población es menos instruida que la de otros muchos países, que los trenes en Europa Occidental son mucho mejores, que su gastronomía es mediocre, etc., se enfurecerá y dirá que su objetor es antiamericano y/o relativista. Lo que dice un fanático es, para él, absolutamente cierto e indiscutible.


Otras veces es la alteración o claramente la negación de la Historia lo que observamos.
Un cubano de Tampa me explicó, agitándose y alterándose progresivamente, cómo fueron los EEUU los que vencieron solitos a la Alemania Nazi, ignorando el heroico e importante papel de los ingleses, de los soviéticos y aun el notable trabajo de las resistencias internas de los países ocupados que perdieron decenas de miles de hombres y mujeres entre 1940 y 1945.

Afirmar y/o negar cuando se ignora algo es una característica importante del fanatismo.
Hasta los más brillantes pensadores pueden mostrar un aspecto fanático en caso de que una teoría científica (como ha habido varias en el siglo XX) se oponga al “sentido común” o a su concepción cosmogónica.
Demos el ejemplo del excelente Jacques Maritain cuando afirma que aunque la Relatividad es coherente matemáticamente, ésta no podrá ser una Filosofía de la Naturaleza porque la invariancia de la velocidad de la luz “no puede ser verdad ontológicamente”

Jacques Maritain, Raïssa Maritain, Jean-Marie Allion
Oeuvres complètes, Volume 3, p. 285:
Jacques Maritain: "Il ne reste plus alors qu'à avouer que la théorie [d'Einstein], si l'on donnait une signification ontologiquement réelle aux entités qu'elle met en jeu, comporterait des absurdités; entièrement logique et cohérente comme système hypothético-déductif et synthèse mathématique des phénomènes, elle n'est pas, malgré les prétentions de ses partisans, une philosophie de la nature, parce que le principe de la constance de la vitesse de la lumière, sur lequel elle s'appuie, ne peut pas être ontologiquement vrai."



Pensemos en los marxistas dogmáticos de la primera mitad del siglo XX que se oponían a la mecánica cuántica (y a sus mismos científicos que quedaban así amordazados) porque esta teoría “desmaterializaba” el átomo para reducirlo a “una serie de eventos probables”. Hermoso ejemplo de la (in)comprensión fanática del materialismo dialéctico.


Y…¿el fanatismo religioso?
Pues ha sido en la historia de la humanidad tan violento como los otros.
La Religión, cuya etimología viene de re-ligare, unir al hombre con Dios y con los otros hombres, ha sido a menudo manzana de la discordia.
El fanático religioso piensa que Dios le ha hablado, directa, o indirectamente a través de profetas y maestros, cree conocer la Verdad única y absoluta.
Los que no poseen esa misma “Verdad” no tienen salvación y son pues secuaces del demonio. Destruirlos permite seguramente ganarse la vida eterna.

Por eso la historia es una sucesión de guerras por los Lugares Santos, de hogueras para mantener la pureza de la fe, de excomuniones para mantener la unidad de los dogmas, de Syllabus, de fatwas, de horrorosas ejecuciones cometidas hasta el día de hoy por gentes que dicen que es mejor obedecer a Dios que a los hombres y, por supuesto, son ellos mismos los únicos intérpretes y guardianes de la palabra de Dios.
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