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23/09/2019
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Informe sobre la Economía Dominicana

Sin bombos ni platillos ni tampoco mucho impacto mediático, el notable crecimiento de la economía dominicana en los últimos años merece mención y estudio. En el primer trimestre de 2019 creció a una tasa anual del 5,7%, un poco menor que el 7% asombrosamente logrado en 2018, pero situándola todavía entre los países de mayor crecimiento económico del mundo. Las últimas proyecciones predicen que 2019 terminará con una tasa de crecimiento de alrededor del 5,5%. Aunque el turismo tiene mucha importancia en este éxito económico, los sectores que más han contribuido a estos resultados son la minería, la construcción, los servicios financieros, la energía y el transporte. Este crecimiento confirmado en el Informe Preliminar del Banco Central ha sido reconocido por el Fondo Monetario Internacional en su evaluación de la economía dominicana, dado a conocer en la declaración ofrecida por la misión técnica que visitó el país a finales del pasado mes de marzo.

 La economía dominicana exhibe músculo  

El país caribeño lleva más de una década creciendo por encima del 5% impulsado por las remesas y la industria turística

Sto. Domingo, Sept. 3.– Desde la quiebra del segundo banco más grande del país en 2003, la recuperación económica de República Dominicana ha sido imparable. La crisis provocada por el fraude de la doble contabilidad de Baninter, rescatado con dinero público, provocó una fuerte salida de capitales, adelgazamiento de reservas, acelerones en déficit y deuda, una férrea devaluación externa y también vía salarios, lo que aumentó las grietas de la pobreza y la desigualdad. Pero tras la recuperación en 2005, con un paquete de reformas que atajaron al sistema financiero y el reequilibro de cuentas públicas, la economía ha vuelto a carburar a tasas por encima del 5%, hasta doblar el año pasado la renta per capita, colocar el desempleo en mínimo histórico y la inflación a raya. El turismo y las remesas son los motores principales del milagro dominicano.

La estabilidad de las políticas fiscal y monetaria es una de las constantes subrayadas por todos los organismos internacionales, uno de los puntales para explicar el crecimiento sostenido que ha aupado al país para competir con Panamá como la economía más fuerte de la región, pero sin el filón del opaco sector financiero panameño.

El año pasado, el PIB cerró con una subida del 7%, por encima de Panamá y liderando a toda Latinoamérica. Este año las previsiones son levemente a la baja porque “acusará la ralentización de la economía global, aunque podría ser compensada por una demanda interna más fuerte de lo esperado, sostenida por los ingresos y el crecimiento del crédito”, según apuntaba el FMI en un informe reciente.

“La estabilidad no es nueva, salvo algunos años, llevamos con crecimientos de más del 5% casi desde los años cincuenta”, señala el profesor de la Pontificia Universidad Católica de Santo Domingo, Miguel Ceara-Hatton, que subraya como cimientos la alta disponibilidad de divisas vía turismo y remesas, las dos mayores aportaciones al PIB con 9% y 8%, respectivamente, y la inversión extrajera directa, que en 2017 rozó los 4.000 millones de dólares (3.636 millones de euros) gracias a la compra del 35% de uno los emblemas del país: la Cervecería Nacional Dominicana. La inyección de divisas es la válvula de oxigeno de cualquier economía pequeña y más todavía de una isla. “Necesitamos importar gran parte bienes de capital y de equipo, además de commodities, como petróleo o trigo”, recuerda Ceara-Hatton.
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