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19/10/2019
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Economía cubana 2017: ¿dónde estamos?

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Cuba ya no sorprende a nadie en el terreno económico. Si en 2016 logró remontar las consecuencias de una grave recesión con origen en la reducción de los suministros de petróleo chavista, con las limitaciones que ello implica a nivel interno y externo, este año la actividad se ha visto inmersa en la pérdida de fuerza de los motores, como el turismo o la inversión extranjera, complicaciones que unidas al efecto adverso de la climatología, definen un escenario cuanto menos problemático para el previsto relevo de Raúl Castro a comienzos de 2018.

El Informe de CEPAL relativo al balance preliminar de las economías en América Latina y el Caribe vuelve a situar a Cuba, con un 0,5% de crecimiento del PIB en el puesto 27º del ranking, o lo que es lo mismo, en los últimos de la clasificación regional, lo que indica que conforme pasaban los meses, la economía no ha conseguido remontar los pésimos resultados, de modo que se espera que los problemas que la han atenazado a lo largo del año no hagan otra cosa que incidir de forma negativa en el cierre el ejercicio.

De ese modo, Cuba se distancia del resto de países de América Latina que están sacando más provecho de la actual coyuntura, y se muestra incapaz de obtener los mayores réditos de las reformas parciales que el régimen ha ido adoptando en los últimos años. El régimen castrista continúa empeñado en mantener a Cuba aislada del resto del mundo, e impedir a los cubanos que ejerzan con libertad sus derechos económicos, consolidando un sistema de planificación central de la economía en el que no se respetan los derechos de propiedad privada, que prácticamente no se observa en ningún otro país del mundo.

En este escenario, el régimen no hace otra cosa que mirar siempre de puertas adentro y denunciar un presunto ejercicio de bloqueo o embargo, pero no consigue poner énfasis en el tipo de reformas que harían más productiva y competitiva a la economía nacional. Un círculo vicioso del que cada vez resulta más difícil escapar.

En términos de empleo, como señala la CEPAL, las noticias parece que son buenas si se presta atención a la muy baja tasa de desempleo existente en el país, que se atribuye a la disminución continua de las tasas de actividad y participación de una población envejecida y que emigra, sobre todo los más jóvenes, ante la falta de perspectivas y horizontes de mejora en el país. Malos presagios que apuntan a una pérdida de confianza que puede lastrar cualquier proyecto de desarrollo sostenible para la economía. La interrupción del crédito comercial producida en 2017 ha despertado las señales de alarma, ante el temor de un incremento del volumen de créditos morosos en presencia de niveles de endeudamiento insostenibles con los parámetros de solvencia de la economía. Estos indicadores deben estar creando presión sobre las autoridades para continuar con las reformas, pero el ritmo y orientación de las mismas indica que el peso de la ideología comunista continúa siendo un lastre para que la economía cubana prospere.